Apuestas deportivas en México 2026: de cada $500 se va un promedio de $26

Updated noviembre 2026
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Cuando alguien busca dónde jugar, casi siempre pregunta lo mismo: cuál paga más. La pregunta útil es otra: cuánto te cobra el camino hasta el pago. En México el camino tiene tres tramos —el permiso que respalda la casa, el impuesto que ya viene descontado y el rollover que convierte un bono en una tarea— y ninguno de los tres aparece en el anuncio. Aquí los ponemos en la misma página, con sus condiciones, para que el lector decida sabiendo qué firma.

Un documento con sello rojo sobre un escritorio de madera junto a un bolígrafo
Según el artículo 2 del Reglamento de la LFJS, la actividad de juegos con apuestas y sorteos que no esté expresamente prevista está prohibida.

Datos actualizados al 6 noviembre 2026, con los números de permiso cotejados contra los pies de página de cada plataforma y contra las compilaciones publicadas que los recogen; la lista oficial de la Dirección General de Juegos y Sorteos no se ha podido abrir.

Panorama: las nueve plataformas que sí muestran permiso de la Secretaría de Gobernación

Nueve marcas. No son todas las que operan en México, y ninguna es “la mejor” en términos absolutos: son las nueve cuyas páginas o cuyos registros publicados declaran un permiso de la Secretaría de Gobernación y cuyos datos deportivos se pueden leer hoy. Fuera de esta lista quedan nombres grandes que un lector reconocería de inmediato, y quedan fuera por una razón incómoda que aparece unas líneas más abajo. Un permiso no es un certificado de buena conducta: es un papel que dice ante quién responde la casa si algo sale mal. Antes de eso, lo que el lector debe saber es que las nueve operan bajo la misma figura jurídica y que la figura no es una “licencia”.

Marca Permiso SEGOB tal como lo recogen los pies de página y las compilaciones Titular señalado por las compilaciones y los pies de página Lo que la propia ficha de la marca dice sobre el juego responsable
Strendus DGJS/075/2018, DGJS/2801/2021 y DGJS/DCRCA/2321/2021, según casasdeapuestaslegales.mx Atracciones y Emociones Vallarta o New Ads (las compilaciones difieren) La marca no publica en la ficha consultada avisos de juego responsable
Playdoit DGAJS/SCEVF/P-02/2005, según casasdeapuestaslegales.mx Eventos Festivos de México La marca no publica en la ficha consultada avisos de juego responsable
1xBet DGJS/0002/2020, según una compilación del sector Entretenimientos Naturales La marca no publica en la ficha consultada avisos de juego responsable
Betcris Número no impreso: el pie de página de la marca y la tabla del titular difieren Producciones Móviles La marca no publica en la ficha consultada avisos de juego responsable
Pickwin Número no impreso: las compilaciones se contradicen entre sí Producciones Móviles S.A. de C.V. con Unocapali La Paz Operadora La marca no publica en la ficha consultada avisos de juego responsable
Codere DGJS/1018/2015 y DGJS/234/2019, según una compilación del sector Libros Foráneos S.A. de C.V. (Codere México) Su ficha de aplicación declara el permiso de la SEGOB, limita el uso a mayores de 18 años e incluye avisos de juego responsable y políticas de cierre de cuenta
Caliente DGG/SP/404/97, mostrado en el pie de página de la propia marca Tecnología en Entretenimiento Caliplay (Grupo Caliente) Su pie de página prohíbe los juegos con apuestas a menores de edad, pide divertirse con responsabilidad y enlaza una sección de juego responsable
Novibet DGJS/DCRCA/1121/2020, según casasdeapuestaslegales.mx Comercial de Juegos de la Frontera S.A. de C.V. La marca no publica en la ficha consultada avisos de juego responsable
Betway 4184, según casasdeapuestaslegales.mx Espectáculos Deportivos Frontón México S.A. de C.V. La marca no publica en la ficha consultada avisos de juego responsable

Un permiso de la Secretaría de Gobernación no se concede a un sitio web. Se concede a un permisionario —una empresa— y ese permisionario puede operar varias marcas a la vez. Producciones Móviles aparece así detrás de Betcris y de Pickwin, y Caliplay detrás de Caliente. Eso explica el dato que más confunde al lector cuando compara dos páginas distintas y encuentra el mismo número: no es un error de la casa, es la estructura del permiso mexicano, que se otorga a la empresa y no al dominio.

La columna del medio merece una advertencia en voz alta. Los números que ahí aparecen provienen del pie de página de cada plataforma o de compilaciones publicadas, nunca de un documento oficial abierto por nosotros, y las compilaciones se contradicen: el número que una atribuye a Pickwin es el que el pie de página de Betcris muestra para Producciones Móviles. Por eso dos filas llevan la casilla vacía en vez de un número. Un dato repetido en cinco sitios de comparación sigue siendo un dato repetido, no un dato confirmado.

Ahora la parte incómoda. bet365.mx y Betano, esta última bajo el permiso de Ganador Azteca, llevan bloqueadas desde noviembre de 2025, cuando la UIF congeló cuentas de trece casinos y deshabilitó ambas plataformas. En diciembre de 2025 un tribunal colegiado les permitió únicamente publicar contenido informativo ajeno a las apuestas. En marzo de 2026 un juez de distrito concedió a bet365 un amparo contra el bloqueo y, aun así, el sitio seguía inactivo el 24 de marzo de 2026. En julio de 2026 la Dirección General de Juegos y Sorteos suspendió diez dominios de casino en línea, entre ellos betano.mx y bet365.mx, y el 23 de octubre de 2026 un tribunal federal habría suspendido la orden de la SEGOB contra ambas marcas. Ese último dato viene de una sola fuente y por eso se escribe con su fecha y su condición. La conclusión para el lector no es “abrió” ni “cerró”: es que el estado de esas dos marcas cambia por vía judicial y que un saldo depositado en una plataforma bloqueada puede congelarse mientras los tribunales discuten. Quien tenga dinero ahí debería revisar el estado antes de contar con él.

El resto del mercado vive de la misma figura administrativa y del mismo marco legal, y eso es lo que tratamos en la sección sobre qué dice la normativa mexicana sobre las apuestas en línea.

Fundamentos: cómo funciona una casa de apuestas por dentro

Cuatro piezas mueven el dinero: el momio, el boleto, el margen y el retiro. El momio es el precio. En México se dice momio y no cuota, y esa palabra importa porque todo lo demás se lee a partir de ella. Un momio de 1.90 en un partido significa que cada 10 pesos apostados devuelven 19 si el resultado entra; el peso apostado va incluido en esos 19, no encima.

Un balón de fútbol sobre un boleto de apuesta blanco en una mesa de madera a la luz del día
Los permisionarios de apuestas remotas deben presentar cuentas trimestrales y anuales auditadas, contratar seguros.

El boleto, también llamado cupón, es donde se apilan las selecciones. Una apuesta sencilla lleva una sola; un parlay —o combinada— multiplica los momios de todas sus selecciones en un solo precio, y ese precio solo se cobra si aciertan todas a la vez. El hándicap y las líneas de más/menos permiten apostar sobre una diferencia o un total en lugar del ganador, lo que en la práctica amplía el catálogo sin cambiar la aritmética: el margen de la casa sigue dentro del precio. El cash out, o retiro anticipado, ofrece cerrar el boleto antes del final a cambio de un importe que la casa calcula en ese instante; es una herramienta, no un seguro, y su valor depende de cómo esté el partido cuando la pulses.

El margen es la pieza que casi nadie mira y la que decide el resultado a largo plazo. En un mercado de dos resultados a momio 1.90 por lado, la casa paga en total poco más de 95 centavos por cada peso que recibe, es decir, se queda con cerca del 5 %. Ese 5 % no aparece en ningún recibo: viene incluido en el precio. Un lector que solo compara el color del bono y no el tamaño del momio está eligiendo el envoltorio y dejando el precio en manos de la casa.

El retiro cierra el ciclo y es donde el lector descubre las reglas. Los métodos que nombran las propias plataformas son tarjetas, transferencia bancaria SPEI, vouchers en efectivo en tiendas como OXXO y monederos electrónicos; el retiro llega a una cuenta a nombre del jugador, y cuando el premio está sujeto a retención la casa emite un CFDI de retenciones. Ese documento es la prueba de que la retención ocurrió y el respaldo del lector en su declaración anual, que es el tema de la sección sobre impuestos.

Para ver el mecanismo en pesos concretos, supongamos un jugador que se fija un límite de $500 MXN por semana, lo apuesta una sola vez y elige un mercado de dos resultados a momio 1.90 por lado. Sobre ese giro, el margen de la casa se lleva alrededor de $26 MXN como promedio estadístico, y la horquilla razonable va de unos veinte a unos treinta pesos según cuánto se aleje el precio real del ejemplo. Ese costo no depende del resultado del partido ni del acierto del lector: es el precio de participar, y sube y baja con el volumen del año, no con la suerte del domingo. Con un giro semanal de esa magnitud, el costo anual ronda los mil trescientos pesos, dinero que nunca se apostó ni se perdió en una jugada concreta: simplemente dejó de estar disponible. Ese es el punto exacto donde la mayoría de las comparaciones de casas de apuestas se detienen, porque el margen no se puede fotografiar como un bono. Y es el único número del expediente que se conoce de antemano.

Normativa: qué dice la ley mexicana sobre las apuestas en línea

México no tiene una ley de apuestas en línea. Tiene una ley de 1947 y un reglamento que se reformó en noviembre de 2023 para hablar de cosas que la ley no menciona. La Ley Federal de Juegos y Sorteos está fechada el 31 de diciembre de 1947 y no dedica una sola línea a las apuestas por internet; el Reglamento de esa misma ley se reformó el 16 de noviembre de 2023 y sigue sin nombrarlas. Esto no es un vacío académico: significa que la base legal de todo el mercado digital mexicano es un permiso administrativo extendido a una empresa cuyos locales son físicos.

La autoridad es la Secretaría de Gobernación. El Reglamento, en su artículo 2, dice que la actividad de juegos con apuestas y sorteos que no esté expresamente prevista está prohibida, y que la Secretaría interpreta y aplica la ley en el ámbito administrativo mientras la Dirección General de Juegos y Sorteos autoriza, controla, vigila, modifica y termina los permisos. El artículo 1 delimita el campo: la autorización, el control, la vigilancia y la inspección de los juegos con apuestas y sorteos, salvo los de la Lotería Nacional, con competencia federal. Todo lo que no esté previsto, queda fuera.

La palabra correcta es permiso, no licencia. El artículo 3 del Reglamento define el permiso como un acto administrativo temporal que se otorga a un permisionario, y define la apuesta como dinero en moneda nacional arriesgado en un juego permitido. Esa definición hace dos cosas al lector. La primera: ninguna casa puede tener un permiso digital propio, porque el acto administrativo se concede a un titular y no a una página. La segunda: el dinero que arriesgas debe ser moneda nacional. Quien te ofrezca operar en otra divisa está fuera del supuesto que la propia norma describe.

Los permisos previstos para apostar a distancia son dos: los centros de apuestas remotas y las salas de sorteos de números o símbolos. Los titulares de permisos de hipódromo, galgódromo o frontón pueden obtener permisos complementarios de apuestas remotas, y ahí vive el cruce de apuestas del que habla el artículo 5. Los permisos de juegos con apuestas son intransferibles: no pueden gravarse, cederse, venderse ni comercializarse. Esa intransferibilidad explica por qué las marcas extranjeras que quieren operar en México no compran un permiso, sino que se apoyan en un permisionario local que ya lo tiene.

Al permisionario de apuestas remotas le caen obligaciones concretas: cuentas trimestrales y anuales auditadas, contratación de seguros, reporte de sospechas de delincuencia organizada o lavado de dinero y una fianza equivalente a unos 60 días de premios promedio. Nada de eso lo ve el jugador, y todo eso cuesta dinero que sale de la misma operación de la que sale el momio. Vale la pena tenerlo presente cuando una plataforma presume de “sin comisiones”: las obligaciones no desaparecen, se pagan en otro renglón.

Sobre la edad, la norma es deliberadamente imprecisa. El artículo 5 del Reglamento prohíbe a los menores de edad las áreas de apuestas de los establecimientos y su participación en el cruce de apuestas, pero no fija una edad numérica. Las marcas escriben 18+ en sus fichas y en sus pies de página por cuenta propia. No hay una cifra legal de la que agarrarse, y quien busque una respuesta oficial a “¿a qué edad puedo apostar en México?” no la va a encontrar en el texto vigente.

Las cuentas trimestrales y anuales auditadas que el Reglamento exige no son un detalle contable: son la razón por la que el permiso se concede a una empresa y no a una marca. Foto: apuestas-deportivas-en-mexico-fundament.

Supervisión: los números de permiso que circulan y por qué no cierran

Aquí conviene detenerse, porque es el punto donde casi todas las comparaciones de casas de apuestas en México dicen más de lo que saben. La Dirección General de Juegos y Sorteos publica —o debía publicar— un listado de sitios autorizados. Ese listado es un PDF que las propias compilaciones del sector describen como imposible de abrir, y nosotros tampoco pudimos consultarlo. Sin él, todo número de permiso que aparece en internet es una transcripción de otra transcripción.

El desorden es visible sin salir de esta página. Strendus aparece con tres números distintos según la compilación que se consulte, y el titular cambia: Atracciones y Emociones Vallarta en una versión, New Ads en otra. Codere figura con dos permisos y Libros Foráneos como titular según una compilación, sin apertura de la lista oficial. Novibet y Betway dependen igualmente de una compilación publicada. 1xBet es el caso más incómodo: el número proviene de una fuente que no pudo confirmar ni el dominio 1xbet.mx ni la lista oficial, y la aplicación aparece en la tienda de aplicaciones bajo una empresa distinta, 1XCorp N.V., que no es la titular señalada. Betcris y Pickwin ni siquiera reciben número impreso, porque sus fuentes se contradicen entre sí.

En mayo de 2026 el diputado Rubén Moreira pidió a la Secretaría de Gobernación un registro público y abierto de los permisos de apuestas y casinos. Hasta octubre de 2026 no se ha podido abrir una lista oficial completa. Los recuentos que circulan chocan igual de fuerte: un informe habla de 136 sitios de apuestas y otro de entre 30 y 35 operadores digitales en dominios .mx. Por eso esta página no publica ningún conteo del mercado y ningún número de permiso como oficial.

Nada de lo anterior convierte a las nueve marcas en ilegales. Convierte una comparación de cifras en lo que es: una comparación de declaraciones. El lector que quiera comprobarlas por su cuenta tiene tres lugares donde mirar: el pie de página de la plataforma, que suele citar el permiso y al titular; la sección de términos y condiciones, donde se nombra a la empresa operadora; y el propio listado de la Dirección General de Juegos y Sorteos, cuando esté disponible. Los tres merecen una pasada antes de depositar, y ninguno cuesta dinero.

La reforma que podría ordenar todo esto no ha llegado. En octubre de 2026 la Secretaría de Gobernación terminó la revisión interna de una propuesta para sustituir la ley de 1947 y la envió al Gabinete de Seguridad; no se ha presentado al Congreso y no es ley. Una iniciativa anterior, de octubre de 2025, proponía abrogar la ley de 1947 y crear un Instituto Nacional de Juegos y Sorteos con mecanismos de autoexclusión, edad mínima de 21 años y límites ligados al ingreso. También es una propuesta. Mientras siga siéndolo, el lector tiene un marco de 1947, un reglamento modernizado a medias y un mercado que funciona a base de permisos administrativos.

Prevención: límites, autoexclusión y las herramientas que sí existen

Conviene decirlo sin rodeos: en México no existe un registro nacional de autoexclusión. No hay una lista única en la que un jugador se inscriba para quedar fuera de todas las casas a la vez. Tampoco se ha encontrado un límite legal de depósito o de pérdida, ni una figura de cuenta temporal. Lo que existe es un conjunto de herramientas internas que cada plataforma ofrece por su cuenta, y ahí la protección depende de la casa que hayas elegido.

Una credencial de elector junto a un celular con una cuenta regresiva en la pantalla sobre una mesa de cocina
El artículo 5 del Reglamento prohíbe a los menores de edad las áreas de apuestas de los establecimientos y su participación en el cruce de apuestas, pero no fija una edad numérica.

Las herramientas típicas son tres: pausas o descansos temporales, límites de depósito o de pérdida que el propio jugador fija, y una autoexclusión voluntaria que bloquea la cuenta en esa plataforma. La autoexclusión es una decisión del jugador, no un sistema público: quien la pide en una casa queda fuera de esa casa y de ninguna otra. Eso significa que un jugador con problemas en dos plataformas tiene que hacer el trámite dos veces, y un jugador con problemas en siete, siete veces. El Reglamento limita las áreas de apuestas de los establecimientos a los mayores de edad y excluye a los menores del cruce de apuestas, pero no crea ninguna herramienta de protección a distancia.

Las dos marcas que sí publican avisos en su ficha lo hacen de forma distinta. Codere declara en la ficha de su aplicación que opera con permiso de la SEGOB, limita el uso a mayores de 18 años e incluye avisos de juego responsable y políticas de cierre de cuenta. Caliente indica en el pie de página de su sitio que los juegos con apuestas están prohibidos para menores de edad, pide divertirse con responsabilidad y enlaza una sección de juego responsable. Son dos formas de escribir lo mismo, y ninguna de las dos es una obligación legal expresa: la norma no fija una edad numérica ni exige avisos concretos en la ficha de una aplicación.

Lo que sí conviene saber es que los operadores verifican la identidad de sus usuarios y reportan transacciones relevantes a la UIF y al SAT, porque el juego es una actividad vulnerable frente a la ley de prevención de lavado de dinero. Los documentos exigidos para esa verificación no están establecidos en un texto legal público. En la práctica, el lector va a pasar por una verificación de identidad antes de poder retirar, y ese trámite conviene hacerlo al registrarse y no cuando ya tenga un saldo pendiente.

La foto que acompaña a esta sección no es decorativa: una credencial junto a un teléfono con una cuenta regresiva es exactamente la situación que la norma vigente no resuelve. Foto: apuestas-deportivas-en-mexico-prevenci.

Un lector que quiera protegerse de verdad debería fijar el límite semanal antes del primer depósito, no después del primer mal domingo, y apuntarlo en un papel aparte de la plataforma. El límite que uno mismo se pone es el único que no cobra margen, no exige rollover y no depende del permiso de nadie.

Incentivos: bonos de bienvenida, apuestas gratis y lo que cuestan

El bono de bienvenida no es un regalo con un lazo. Es un contrato con plazo, y su precio se paga en apuestas que no habrías hecho. La versión clásica es el bono de depósito: la casa iguala un porcentaje de lo que depositas y a cambio te exige apostar el monto —o el monto más el depósito, según la casa— un número determinado de veces antes de que el saldo sea retirable. La apuesta gratis es distinta y suele ser peor de lo que parece: en la mayoría de los casos la casa no devuelve el importe de la apuesta cuando ganas, solo la ganancia.

Un ejemplo con la aritmética del sector: una apuesta gratis de $100 MXN jugada a momio 2.00 en un mercado de dos resultados con un margen de aproximadamente 5 % no vale cien pesos. Vale lo que quede después de dos recortes, la probabilidad implícita que el momio encarna y el margen que la casa se queda, y el resultado se parece mucho más al 47 % del importe nominal que a la cifra del anuncio. Ese 47 % es el valor promedio de la apuesta sobre muchos intentos, no lo que esa apuesta concreta te va a dejar, y desde luego no es un resultado garantizado. Traducido: el “$100 gratis” de la pancarta es, en promedio, un billete de 47 pesos.

El rollover se cobra en tiempo y en restricciones. Cada apuesta que cuenta para liberar el bono suele tener que llegar a un momio mínimo, y las apuestas por debajo de ese mínimo simply no cuentan para el cómputo: se apuestan, se arriesgan y no avanzan nada. Cuanto más alto es el multiplicador exigido, más apuestas hacen falta y más larga es la ventana durante la cual el saldo sigue siendo de la casa. El costo real no es el número de vueltas, sino la suma de margen que se paga en cada una de ellas.

Ahí está la consecuencia que a casi nadie le calculan. Si el jugador del ejemplo de arriba, con su giro de $500 MXN semanales, acepta un bono que lo obliga a mover varias veces ese monto en apuestas antes de poder retirar, el costo esperado no se mide en el bono: se mide en el total apostado durante la liberación. Al margen del 5 %, cada $1,000 MXN adicionales que se apuestan para cumplir el requisito cuestan unos $50 MXN como promedio estadístico. Con un requisito de cinco vueltas sobre el depósito, eso ya es más de lo que el propio bono puede valer. Un bono no es dinero que entra; es dinero que circula.

No existe una regla federal sobre bonos en el texto consultado del Reglamento, y los proyectos que quieren prohibir los bonos de bienvenida o restringir la publicidad —los límites de horario en televisión, las propuestas sobre influencers y atletas— no son ley. Lo que sí cambió el terreno fue la subida del IEPS: tras el alza, las casas rediseñaron sus bonos de bienvenida para absorber parte del impuesto. Cuando una promoción se vuelve más modesta de un año a otro, la causa rara vez es la generosidad de la casa.

Dispositivo: las aplicaciones, el navegador y lo que ninguno de los dos arregla

Una aplicación no cambia el momio. Cambia el tiempo que tardas en apostarlo, y ese es el único terreno donde la comparación tiene sentido. Las nueve plataformas de esta página ofrecen su producto por navegador y por aplicación móvil; las fichas consultadas describen aplicaciones con registro, depósito, retiro y avisos de juego responsable dentro de la propia tienda de aplicaciones. Dos detalles de esas fichas merecen atención.

El primero es que el aviso de juego responsable y el límite de edad viven en la ficha, no en la ley. Cuando una aplicación declara en su descripción que opera con permiso de la SEGOB y limita el uso a mayores de 18 años, está escribiendo una promesa propia. La norma no le exige esa frase ni esa cifra, como ya vimos en la sección sobre la normativa. Que aparezca es una buena señal de formalidad; que no aparezca no es una prueba de lo contrario, porque la mayoría de las fichas simplemente no la incluyen.

El segundo detalle es la empresa que figura en la tienda. En el caso de 1xBet, la aplicación se publica bajo 1XCorp N.V., un nombre distinto del titular señalado en las compilaciones que recogen su permiso. Eso no prueba que el permiso no exista. Prueba que la cadena entre la aplicación que el lector descarga y la empresa que responde legalmente tiene al menos un eslabón más, y que ese eslabón no es visible desde la pantalla del teléfono.

La aplicación tiene una ventaja real y hay que decirlo: las notificaciones de límite y el acceso rápido al historial de apuestas hacen más fácil cumplir un límite autoimpuesto. También tiene un riesgo simétrico. La misma comodidad que permite consultar un momio en treinta segundos permite subir la apuesta en treinta segundos, y el cash out, que en la web exige tres clics, en la aplicación se pulsa sin pensar. Un jugador que se fija un límite de $500 MXN a la semana y lleva la casa en el bolsillo está tomando una decisión distinta a la del que la lleva en la computadora del trabajo.

Lo que ninguna aplicación resuelve es el problema de la autoexclusión que ya tratamos: bloquearse en una plataforma no bloquea las otras siete, y la cuenta se puede reabrir en otro sitio en una tarde. Tampoco resuelve el problema del bloqueo judicial. Un jugador con saldo en una plataforma alcanzada por una orden de suspensión no tiene un botón de emergencia en la aplicación para sacar su dinero, como muestran los casos de bet365 y Betano.

Metodología: cómo se hacen las apuestas, paso a paso, y dónde se atasca el proceso

El procedimiento completo, del registro al retiro, tiene cinco estaciones y una de ellas se atasca con frecuencia. Primero el registro: nombre, correo y una contraseña, más la aceptación de los términos donde figura la empresa operadora. Conviene leer esa parte al inicio, porque ahí es donde aparece el titular del permiso y donde se descubre, por ejemplo, que dos marcas distintas comparten permisionario.

Segundo, la verificación de identidad. El jugador entrega documentos —los exigidos no están fijados en un texto legal público— y espera la aprobación. Aquí es donde conviene ser paciente: hacer la verificación antes del primer depósito evita el escenario más frustrante del mercado, que es ganar y no poder retirar porque la cuenta sigue sin verificar.

Tercero, el depósito. Los métodos que las plataformas nombran son tarjetas, SPEI, vouchers en efectivo en tiendas como OXXO y monederos electrónicos. El depósito en efectivo es el favorito del jugador que no quiere que el cargo aparezca en su estado de cuenta, y es también el que peor rastro deja para reclamar un cargo indebido. Aquí el lector paga por la comodidad con la evidencia.

Cuarto, la apuesta. Se elige el deporte, el evento y el mercado —ganador, hándicap, más/menos— y el boleto guarda las selecciones. Un parlay multiplica los momios de todas ellas en un solo precio, lo que también multiplica la dificultad: el precio es más alto porque la probabilidad de cobrarlo es más baja. El cash out permite cerrar antes del final y su importe lo fija la casa en el momento de pulsarlo.

Quinto, el retiro y su declaración. El dinero sale a una cuenta a nombre del jugador, y cuando el premio está sujeto a retención la casa entrega un CFDI de retenciones. Ese documento conecta el retiro con la siguiente sección, que es la que más consultas genera.

Impuestos: cuánto se retiene por un premio y quién lo hace

México no cobra al jugador por apostar. Cobra por ganar, y cobra en la fuente. Los premios de loterías, rifas, sorteos, juegos con apuestas y concursos legalmente autorizados son ingresos para la Ley del ISR, y el artículo 138 de esa ley prevé que quien paga el premio retenga el impuesto. La retención es del 1 % cuando el impuesto estatal no excede del 6 %, y del 21 % si el impuesto estatal es mayor. No hay una tasa única nacional: depende de lo que el estado correspondiente grave.

La Ciudad de México grava los premios con un impuesto estatal del 6 %, lo que según un informe secundario deja un total cercano al 7 % en retenciones. Esa cifra es la que más le importa al lector que gana en la capital, y no se puede trasladar sin más a un jugador de Nuevo León, donde lo que se grava son los montos apostados y no los premios. La regla del 1 % o del 21 % se aplica en función de ese impuesto estatal, así que dos jugadores con el mismo premio pueden recibir cifras distintas.

Hay dos condiciones que conviene tener presentes. La retención es un pago definitivo solo si la persona presenta la declaración cuando está obligada a hacerlo; en caso contrario, el ingreso se acumula y la retención se acredita. Y los premios por encima de $600,000 MXN al año deben reportarse en la declaración anual, según el mismo informe secundario. El CFDI de retenciones que emite la casa es la pieza que hace ese trámite posible.

Sobre los premios de sitios sin permiso, el artículo 137 de la Ley del ISR cubre los premios “autorizados legalmente”. Qué tratamiento corresponde a un premio obtenido en un sitio sin permiso no está establecido, y aquí la única respuesta honesta es consultar a un contador o asesor fiscal. No es una advertencia de trámite: es que el texto no da una respuesta y adivinar con dinero ajeno sería peor que no responder.

En el otro extremo de la cadena, el operador paga el IEPS a los juegos con apuestas y sorteos que requieren permiso: 50 % desde el 1 de enero de 2026, tras la reforma publicada en el DOF el 7 de noviembre de 2025, cuando antes era del 30 %. La norma está en el artículo 2, fracción II, inciso B) de la Ley del IEPS. Ese inciso alcanza también a los juegos en línea operados por residentes en el extranjero sin establecimiento en México, que deben cumplir las obligaciones de la ley, con bloqueo temporal del servicio digital en caso de incumplimiento grave.

La base del IEPS es el punto que exige precisión. El texto consultado dice “valor de la actividad” y la prensa habla de “monto total apostado”; esta página no dice “50 % de las apuestas” ni “50 % de los ingresos brutos” porque ninguna de las dos lecturas está establecida. Lo que sí se puede afirmar sin ambigüedad es que el impuesto es lo bastante grande como para haber rediseñado la política de bonos de todo el sector, y que quien paga en primera instancia es el operador, no el jugador que apuesta. El jugador lo encuentra después, en un momio ligeramente peor.

Evaluación: criterios para juzgar una casa de apuestas y no solo su bono

Juzgar una casa por su bono es como juzgar un auto por el color. Los criterios que de verdad separan una plataforma de otra son cuatro, y ninguno aparece en la pancarta de bienvenida.

El primero es el respaldo legal, y ahí lo útil no es un número bonito sino una cadena verificable: una empresa identificable, un titular del permiso que coincida con quien opera el sitio, y un permiso que se pueda leer en el pie de página o en los términos. Cuando el nombre de la tienda de aplicaciones no coincide con el del titular, la cadena tiene un eslabón suelto y el lector debe saberlo antes, no después.

El segundo es el precio. El margen está dentro de todos los momios y no se ve; un mercado de dos resultados a 1.90 por lado deja a la casa alrededor del 5 % como promedio. Recorrer dos o tres eventos conocidos y comparar sus momios dice más sobre una casa que cualquier tabla de bonos, porque el margen es lo único que el jugador paga en cada apuesta y no una sola vez.

El tercero son las condiciones del incentivo: cuánto hay que apostar antes de retirar, qué momio mínimo cuenta, cuántos días dura la ventana y si el importe de una apuesta gratis se devuelve con la ganancia. Un bono con requisitos cómodos y un margen alto suele ser peor negocio que un bono modesto y un margen bajo.

El cuarto son las herramientas de control: límites de depósito o de pérdida que se puedan fijar desde la cuenta, pausas, cierre de cuenta y aviso claro de juego responsable. En un país sin registro nacional de autoexclusión, esas herramientas internas son todo lo que hay, y una casa que las esconde está cobrando por la función que no da.

Un quinto punto, que no es criterio de calidad sino de prudencia: el estado de la marca en el momento de depositar. Dos de los nombres más grandes del mercado llevan bloqueados desde noviembre de 2025 con vaivenes judiciales, y eso basta para que un saldo alto en una sola plataforma sea una mala idea.

Las nueve plataformas, una por una

Strendus: tres números de permiso y un titular que las fuentes no comparten

Strendus aparece en las compilaciones con tres permisos distintos —DGJS/075/2018, DGJS/2801/2021 y DGJS/DCRCA/2321/2021— y con dos titulares posibles: Atracciones y Emociones Vallarta o New Ads. Eso no es un detalle decorativo cuando alguien compara plataformas. Un lector que quiera verificar la cadena antes de depositar se topa con dos sociedades señaladas y ningún documento oficial abierto para zanjar la discrepancia; su salida práctica es revisar los términos y condiciones del sitio y ver qué empresa figura ahí como operadora.

Su ficha no publica avisos de juego responsable, ni límite de edad, ni política de cierre de cuenta. En un mercado donde el control del jugador depende de herramientas internas y no de un registro público, esa ausencia pesa más que cualquier carencia de catálogo. El juicio es incómodo y hay que escribirlo: la marca puede tener un permiso válido y aun así ser la más difícil de auditar de la lista, y esa dificultad se la cobra al lector que intenta comprobarla.

Playdoit: un permiso identificable y una verificación que corre por cuenta del jugador

Playdoit figura con el permiso DGAJS/SCEVF/P-02/2005 y con Eventos Festivos de México como titular señalado, según la compilación publicada. Es, junto con las demás, un permiso recogido por terceros y no leído en una lista oficial, así que la única ventaja real frente a los casos anteriores es que aquí no hay dos versiones en conflicto: un número, un titular.

Su ficha tampoco incorpora avisos de juego responsable ni política de cierre de cuenta visible. El lector que se fija un límite semanal lo hará fuera de la plataforma, con una hoja de cálculo o con la memoria, y esa es exactamente la situación que la sección sobre prevención describe: la protección es privada cuando no es pública.

1xBet: el permiso de una empresa y la aplicación de otra

1xBet es el caso donde la cadena de responsabilidad se estira más. La compilación que recoge su permiso, DGJS/0002/2020, no pudo confirmar ni el dominio 1xbet.mx ni la lista oficial de la Dirección General de Juegos y Sorteos, y la aplicación se publica en la tienda bajo 1XCorp N.V., una sociedad distinta de Entretenimientos Naturales, el titular señalado. Dos nombres para una misma marca.

Un lector acostumbrado a comparar catálogos encontrará aquí la oferta más ancha del grupo en deportes y mercados, y ahí está el atractivo. Un lector acostumbrado a reclamar por escrito encontrará el problema: si el permiso está a nombre de una sociedad y la aplicación a nombre de otra, la reclamación empieza por averiguar contra quién se reclama. Es el tipo de detalle que no aparece hasta que hace falta.

Betcris: permiso sin número impreso y una licencia maltesa al lado

Betcris es la marca con el expediente más largo de la lista y, curiosamente, sin número de permiso impreso en esta página. El pie de página de su propio sitio muestra un número a nombre de Producciones Móviles y la tabla del titular muestra otro, así que la cifra queda sin escribir. Lo que sí está documentado es el lado internacional: la empresa del sitio, TV Global Enterprises Ltd., sostiene una licencia de la Autoridad de Juegos de Malta con referencia MGA/B2C/300/2008, vigente del 1 de agosto de 2018 al 3 de noviembre de 2026.

Las dos piezas conviven mal y hay que decirlo. Una licencia maltesa es un marco regulatorio europeo, no mexicano, y no sustituye al permiso de la Secretaría de Gobernación: si algo va mal, la reclamación por la vía mexicana se hace contra el permisionario local, no contra la autoridad de Malta. Para el lector que valora la presencia de un regulador extranjero, es un dato tranquilizador. Para el que quiere saber quién responde en México, es una capa que no responde por él.

Pickwin: el número que se parece demasiado al de su vecino

Pickwin comparte permisionario con Betcris —Producciones Móviles S.A. de C.V., junto con Unocapali La Paz Operadora— y ese es el dato que más confunde, porque el número que una compilación atribuye a Pickwin es el que el pie de página de Betcris muestra para Producciones Móviles. Una de las dos atribuciones está mal y no hay lista oficial que diga cuál.

Para el jugador, la consecuencia práctica es sencilla de decir: dos marcas, un mismo permisionario detrás, y eso ya pasó en el panorama de esta página. Que dos casas compartan la estructura legal no significa que compartan el precio ni las condiciones, y por tanto no significa que sean intercambiables. Quien tenga cuentas en ambas puede además preguntarse qué pasa con las dos si el permisionario tiene un problema administrativo, y la respuesta es que probablemente pasa lo mismo en las dos.

Codere: la ficha más explícita sobre juego responsable

Codere figura con los permisos DGJS/1018/2015 y DGJS/234/2019 y con Libros Foráneos S.A. de C.V. como titular señalado según la compilación. Los números provienen de terceros, con la salvedad de siempre. Lo que la distingue no es el papel sino la ficha de su aplicación: declara operar con permiso de la SEGOB, limita el uso a mayores de 18 años e incluye avisos de juego responsable y políticas de cierre de cuenta.

Es la única ficha del grupo, junto con el pie de página de Caliente, que dice algo concreto sobre el control del jugador. Política de cierre de cuenta es precisamente lo que un lector necesita si quiere salir, y no es lo mismo que un botón de autoexclusión temporal. La marca es además una de las redes de locales de apuestas más extendidas del país, lo que le da al jugador una puerta física donde preguntar, una ventaja que un operador solo digital no puede ofrecer.

Caliente: el permiso propio en el pie de página y un aviso claro de edad

Caliente muestra el permiso DGG/SP/404/97 en el pie de página de su propio sitio, presentado como autorización de la Secretaría de Gobernación, con Tecnología en Entretenimiento Caliplay, del Grupo Caliente, como operadora del sitio. Es uno de los dos casos donde la marca misma publica la referencia y no una compilación de terceros, lo que no convierte el número en oficial —la lista de la Dirección General sigue sin abrirse— pero sí reduce un intermediario en la cadena.

Su pie de página prohíbe los juegos con apuestas a menores de edad, pide divertirse con responsabilidad y enlaza una sección de juego responsable. El aviso de edad es más firme que la media y no fija una cifra, algo coherente con el artículo 5 del Reglamento, que tampoco la fija. La marca arrastra la ventaja del permiso más antiguo del grupo, con la referencia de 1997, y esa antigüedad es la contraparte de la estabilidad: quien lleve años apostando ahí ha visto una sola estructura legal bajo sus apuestas.

Novibet: un permiso de compilación y un incentivo que hay que leer en pesos

Novibet aparece con el permiso DGJS/DCRCA/1121/2020 y Comercial de Juegos de la Frontera S.A. de C.V. como titular, según la compilación publicada. Nada en su ficha aporta avisos de juego responsable o política de cierre de cuenta, de modo que el lector vuelve a depender de sus propias herramientas.

Su terreno es la promoción. Como el resto del mercado, después del alza del IEPS rediseñó sus bonos de bienvenida, y la comparación que le importa al lector no es la del porcentaje anunciado sino la del requisito de apuesta que acompaña al bono. Un incentivo cuyo multiplicador obliga a mover varias veces el depósito cuesta, al margen del 5 % de un mercado de dos resultados, más de lo que el bono puede valer en promedio. Ahí, y no en la cifra grande del anuncio, se decide si la promoción sirve.

Betway: permiso 4184 y el respaldo de una casa de apuestas con marca internacional

Betway opera con el permiso 4184 y Espectáculos Deportivos Frontón México S.A. de C.V. como titular señalado en la compilación. Es el número más corto de la lista y eso no dice nada por sí mismo: la longitud de un número no mide nada. Lo que sí importa es que el respaldo viene de una compilación y no del pie de página de la marca, con la salvedad de que la lista oficial no se ha podido abrir.

El nombre del titular es, en este caso, la parte informativa: Espectáculos Deportivos Frontón México es una sociedad vinculada a un recinto de frontón, lo que encaja con la estructura que el Reglamento describe, donde los titulares de permisos de frontón, hipódromo o galgódromo pueden obtener permisos complementarios de apuestas remotas. Es un ejemplo de cómo el mercado mexicano se construyó sobre instalaciones físicas y no sobre servidores. Su ficha no publica avisos de juego responsable, y por tanto el control vuelve a quedar del lado del jugador.

Preguntas frecuentes

¿Cómo compruebo que una casa de apuestas tiene permiso de la Secretaría de Gobernación?

No hay una lista oficial que se pueda abrir hoy, así que la comprobación se hace por partes: mira el pie de página del sitio, donde suele figurar el número y el titular; abre los términos y condiciones y verifica qué empresa opera; y coteja el nombre del titular con el de la sociedad que aparece en la tienda de aplicaciones. Cuando los tres nombres coinciden, la cadena está completa. Cuando no, conviene preguntar antes de depositar.

¿El dominio .mx prueba que la casa tiene permiso en México?

No. Un dominio es un registro técnico, no un acto administrativo. El permiso se otorga a un permisionario —una empresa— y no a una dirección de internet, así que cualquier sociedad puede registrar un dominio .mx. Los recuentos que circulan sobre operadores digitales en dominios mexicanos van de 30 a 35 en un informe hasta 136 sitios en otro, y esa diferencia muestra lo poco que un sufijo de dominio dice sobre quién respalda la operación.

¿Existe un registro nacional de autoexclusión y cómo se pide la autoexclusión?

No existe. La autoexclusión en México es una herramienta interna de cada plataforma: el jugador la solicita en la casa donde tiene cuenta y queda bloqueado ahí, no en las demás. Con dos cuentas abiertas, el trámite se hace dos veces. La iniciativa de octubre de 2025 que proponía abrogar la ley de 1947 incluye mecanismos de autoexclusión, pero es una propuesta y no una norma vigente.

¿Cómo me pongo un límite de depósito o de pérdida?

Desde la configuración de la cuenta, con las herramientas que cada plataforma ofrece por su cuenta: pausas temporales, límites de depósito o de pérdida y cierre de cuenta. No hay un límite legal de depósito ni una cuenta temporal previstos en la norma vigente, así que el límite que protege es el que tú fijas antes del primer depósito y anotas fuera de la aplicación. Si la casa esconde esas opciones, eso también es información.

¿Qué riesgo corro si apuesto en una casa sin permiso en México?

Quedas fuera del marco que sí protege al jugador: no hay permisionario mexicano ante quien reclamar, no hay control de identidad ni reporte de operaciones ante la UIF y el SAT, y no hay CFDI de retenciones que respalde tu declaración. A eso se suma el riesgo de bloqueo: dos marcas grandes llevan inactivas desde noviembre de 2025 con resoluciones judiciales cambiantes, y un saldo en una plataforma bloqueada puede quedar congelado mientras se resuelve.

¿Se pagan impuestos por los premios de las apuestas y quién los retiene?

Los premios de juegos con apuestas legalmente autorizados son ingresos, y quien paga el premio retiene: 1 % cuando el impuesto estatal no excede del 6 %, y 21 % si lo supera. La Ciudad de México aplica un impuesto estatal del 6 % sobre los premios, alrededor del 7 % en total según un informe secundario. Los premios por encima de $600,000 MXN al año se reportan en la declaración anual.

Escrito por los editores de «Guiadeapostadores».

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